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Los frailes franciscanos optan por la pobreza, casi no tienen posesiones, es una vida entregada a los demás. No se casan, no tienen familia y viven una vida célibe. Definitivamente no entran en la definición popular de “personas exitosas”.
Hace varios años, participo de encuentros y retiros en una casa donde viven algunos de estos frailes. Es fácil ver el deseo ardiente que tienen por su vocación, la cantidad de personas a las cuales les transforman la vida y la paz y energía que tienen. Te invitan a reflexionar sobre el verdadero significado del éxito.

Normalmente asociamos el éxito a lo económico superficial, a esa imagen de George Clooney en una terraza lujosa tomando un Nespresso. Autos, viajes, fiestas y yates. Casi que el éxito es de mal gusto y para pocos. Pero esto es una visión sesgada y parcial de toda la riqueza que puede tener esta palabra. Quisiera reinterpretarlo para usarla con otro sentido.
Escuchando referentes que hablan con mucha claridad de este tema (especialmente Víctor Hugo Manzanilla de Liderazgohoy.com) pude armar mi actual definición de éxito:
“Éxito es la realización progresiva de una visión que valga la pena, incluyendo todas las áreas y roles de la vida. No es un punto de llegada, es un camino. Es esa tensión constante. Desafíos e incomodidades conviviendo con logros y celebraciones en una búsqueda determinada”.

En concreto, considero “éxito” este tipo de cosas: sentirme el domingo a la noche con un entusiasmo que me desborda de comenzar la semana. Es poder tener encuentros diarios de calidad con mi familia. Es poder estar comunicado con personas que admiro y que me aportan conocimiento y riqueza. Es poder invertir tiempo y plata en hacer cursos y capacitaciones. Es sentir que crezco en mis emprendimientos y a la vez mejoro mi salud. Es tener más y mejores amigos. Es poder vivir con bastante menos de lo que gano. Es poder llegar cada vez a más gente con lo que tengo para decir. Es recibir mensajes de agradecimiento de personas a las cuales pude ayudar en algo. Es poder tomarme una semana cuando quiera para descansar o para un proyecto sin tener que pedir permiso. Es haber logrado fortalecer hábitos que me traen vitalidad. Es casi no enfermarme durante todo el año. Es todo eso que me acerca a esa visión que vale la pena.
No tengo una vida de lujo y recién estoy empezando a construir riqueza material. Tengo una moto vieja y con mi familia tenemos una vida austera. No viajamos para poder ahorrar y casi no vamos a comer afuera.  Pero sin dudas me siento exitoso, porque siento que estoy en el camino hacia esa visión que vale la pena, avanzando todos los días.

¿Qué es el éxito para vos? Te invito a que tengas tu propia definición. La intención de este artículo es que te hagas esa pregunta y puedas (con el tiempo) ir encontrando una respuesta. Porque si definimos internamente al éxito como algo indeseable, de mal gusto o para pocos, probablemente encontremos las excusas para no ser exitosos. Pero en cambio, si el éxito lo interpretamos como “algo para nosotros”, con el cual vamos a ayudar a más personas y a la vez vivir en todo nuestro potencial, probablemente encontremos los motivos para hacer que eso suceda.